Educación, formación y capacitación campesina: la experiencia de ANEC

Artículo publicado en La Jornada del campo Número 48 (17 de septiembre de 2011)

Educación, formación y capacitación campesina: la experiencia de ANEC

Leticia López Zepeda, Coordinadora de Organización y Formación de la ANEC leticia.lopez@anec.org.mx

Después de más de 30 años de rigurosa aplicación de la política neoliberal, los efectos destructivos para la agricultura campesina se han agudizado y profundizado. La persistencia de la crisis alimentaria es alarmante. El alto precio de los alimentos y su volatilidad en los mercados, la especulación, la incertidumbre y la concentración del poder de los monopolios son una prueba de ello y ponen de manifiesto la gravosa pasividad de un Estado que se muestra débil y sin rumbo.

De igual manera, en nuestro país los modelos hegemónicos de organización campesina que han sobrevivido gracias a prácticas paternalistas y clientelares demuestran que están agotados y sin perspectiva al no ser capaces de dar respuesta a la crisis alimentaria y a las necesidades del sector rural. Estos modelos reproducen el autoritarismo y el caudillismo, la pasividad y la dependencia, el individualismo, un ambiente de corrupción y, por ende, la erosión de valores, en detrimento de estrategias organizadas, colectivas y solidarias.

En un contexto de desatención de la organización campesina y de sobrevaloración de los agentes privados como motores del desarrollo, no es de extrañar que las políticas públicas hayan minimizado casi por completo el tema de la educación rural. No sólo hay carencia de presupuesto, sino también de contenidos y propuesta, porque no hay interés en promover el desarrollo de capacidades de los campesinos y sus organizaciones, pues sencillamente su desarrollo no es compatible con los intereses de los agentes privados del mercado.

La organización campesina como sujeto-actor para enfrentar y superar la crisis, y como promotora del desarrollo rural, se abre paso frente al fracaso de las políticas neoliberales en lo productivo, social y ambiental. Esta situación representa una enorme oportunidad para organizaciones como la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC), con modelos alternativos, autónomos y autogestivos de organización local, regional y estatal que han demostrado el potencial productivo, social y ambiental y con propuestas innovadoras.

Como parte de una estrategia de supervivencia campesina, la ANEC se propone en su misión “representar los intereses de pequeños y medianos productores, principalmente de granos básicos, por medio del fomento a la organización autogestiva y la gobernabilidad campesina, así como del desarrollo de estrategias productivas, comerciales, financieras, de diversificación productiva, agregación de valor y de mejoramiento de la calidad de vida, y de la promoción de políticas públicas para la revalorización de la agricultura campesina, la soberanía alimentaria y la equidad. La organización campesina, para superar los problemas estructurales.”

Para este fin, el tema educativo está íntimamente relacionado con la historia y misión de la ANEC y sus estrategias y programas de trabajo. A contracorriente de la visión estatal, el derecho a la educación ha sido una de las propuestas y por ello, desde los orígenes de la Asociación, se han puesto en marcha planes de capacitación, asesoría y acompañamiento para el desarrollo de capacidades locales directivas, técnicas y gerenciales de sus asociados.

Sin embargo, los diversos problemas que hoy enfrentan las organizaciones en su capacidad para tomar decisiones democráticas y adecuadas, en el control de sus procesos productivos y en la sostenibilidad social y económica, plantean nuevos paradigmas de enfoque y contenido pedagógico. Los problemas de gobernabilidad han obligado a las organizaciones a revisar y replantear sus valores esenciales. Para ello se ha discutido por largo tiempo y en todos los niveles un Decálogo ANEC, en el que se expresan los valores que deben regir la vida de la organización, acompañado de un código de prácticas de buen gobierno.

“La mayor dificultad a superar se encuentra en la capacidad interna de la ANEC para el fortalecimiento de la gobernabilidad campesina con equidad a todos los niveles, el ejercicio interno de la transparencia y rendición de cuentas, el desarrollo de una nueva generación de dirigentes, gerentes y técnicos, el crecimiento con calidad de su membresía. En particular mujeres y jóvenes, así como el alineamiento de todas sus estrategias e iniciativas nacionales a la misión, modelo organizativo y plan quinquenal ANEC”, dice el Plan estratégico ANEC 2011-2015.

El desarrollo de capacidades locales de dirigentes, socios y socias en todos los ámbitos de interés de las organizaciones locales, y la formación de una nueva generación de dirigentes y técnicos que incluya mujeres y jóvenes comprometidos con los valores de la democracia, la solidaridad, la equidad de género y generacional, la transparencia y la rendición de cuentas, son hoy una prioridad. Asimismo se revisan los procedimientos y prácticas de ejercicio de la gobernabilidad en los diferentes órganos de gobierno.

Los planes educativos son sustanciales en la promoción de prácticas de una agricultura sostenible, diversificada y con agregación de valor, con una visión de desarrollo integral, incluyente, territorial y comunitario y en la construcción de relaciones de mercados locales y regionales alternativos.

Parte de este proceso es la formación de técnicos y asesores con un enfoque distinto al de la educación tradicional, que se basa en la “transferencia” de términos y técnicas de maestro a alumno. Incluso es necesario romper también con la relación que se establece entre el técnico (asesor) y los sujetos sociales, ya que observamos con frecuencia una concentración de poder por quien tiene la “posesión” del conocimiento y el resultado ha sido que los equipos técnicos y gerenciales son los que terminan tomando las decisiones.

Los equipos técnicos deben estar al servicio de la organización y ser gobernados por ésta, cumpliendo su papel de asesores, facilitadores y animadores que se incorporan a un proceso organizado de construcción de capacidades, y sus conocimientos deben estar al servicio de los sujetos-actores y de sus estrategias organizativas para lograr la autonomía y el poder de sus decisiones en forma colectiva, colegiada y democrática.

Para lograr pasar del sujeto adiestrado al ser pensante, crítico, dinámico y autogestivo capaz de transformar conscientemente su realidad, es necesario modificar las formas de enseñanza-aprendizaje. Es indispensable reconocer los conocimientos, habilidades y sistema de valores existentes en los actores sociales y, por medio de nuevas técnicas didácticas que combinen práctica y teoría, hacer del espacio organizativo un laboratorio de incursión a nuevos conocimientos donde el alumno es el centro, el actor y el sujeto del aprendizaje y el instructor como facilitador y acompañante comprometido. Se entiende que la reconstrucción del tejido social atraviesa por el acceso a la educación.

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